NUESTROS CARNAVALES

Lcdo. Julio César Franco O.

Las festividades de carnaval se originaron en Egipto y Sumeria hace más de 5000 años, sin embargo, las que llegaron a occidente vinieron de las fiestas bacanales al dios romano del vino Baco, y de las saturnales y lupercales romanas, que eran días de persimividad y libertinaje durante los cuales se usaban máscaras para guardar el anonimato. De allí pasaron a Europa y fueron traídas a América por los navegantes españoles y portugueses.

Su etimología proviene del latín carnem-levare (abandonar la carne), como prescripción cristiana para los día de cuaresma que siguen inmediatamente al carnaval.

A Venezuela llegó junto con la conquista, y ya en el siglo XVIII se celebraba en Caracas, aunque será a partir del primer gobierno de Guzmán Blanco (1870/1877), cuando adquieren gran brillo con carrozas, comparsas, disfraces. Así llegó también a Maracaibo y pueblos de la provincia, donde se celebraban también con gran fastuosidad y lujo, en medio de una euforia popular.

Los Puertos de Altagracia se sumaron a estas fiestas desde muy antaño, pues existen crónicas y fotografías de inicios del siglo XX que así lo demuestran. La cercanía de Maracaibo ejerció gran influencia sobre nuestro pueblo en todos los órdenes; la música y los carnavales no fueron la excepción.

Desfiles de carrozas, comparsas de diferentes disfraces, los tradicionales viejos o espantapájaros y las alegres negritas, desfilaban por las engalanadas calles durante los cuatro días, al comienzo de los cuales se elegía la reina o soberana de las fiestas, que una vez coronada, se le entregaban las llaves simbólicas de la ciudad y se daba lectura a su primer decreto, contentivo de diversas nombramientos y normas de tipo jocoso y humorístico, iniciándose los bailes populares brindaban alegría y sano esparcimiento.

Las décadas desde 1900 hasta el fin de los años 50, se caracterizaron por carnavales públicos , organizados por una junta designada por las autoridades e integrada por personas que gozaban del mayor respeto.

Nuestro recuerdo viaja a esa última década de gran brillo carnestolendo, cuando se celebraba en el lado oeste de la Plaza Bolívar frente a la Escuela “Alejandro Fuenmayor”. Allí se levantaba el trono para la reina y su cortejo, la calle se dividía en tres sectores para los bailes, uno para los disfraces, otro para las parejas sin disfraz y un tercero para los niños, mientras en los alrededores se ubicaban los kioscos para la venta de cervezas, refrescos, comidas, golosinas, disfraces completos, máscaras, antifaces, papelillo, grageas, y todo lo que era propio de aquellas fiestas. Luego de la coronación y leído el decreto, la reina recorría las adornadas calles en una regia carroza con su séquito, seguida por varios automóviles, mientras en su recorrido lanzaba caramelos y golosinas a la población reunida en los frentes de las casas.

Durante los bailes en la plaza se hacían concursos para premiar a las mejores comparsas y disfraces, todo con el mayor orden y bajo la vigilancia de las autoridades. En las horas diurnas se efectuaban juegos jocosos: carreras de emochilados, la cucaña, palo ensebado.

En 1958, al ser derrocado en enero el gobierno de Pérez Jiménez, no se celebró el carnaval por orden de las nuevas autoridades debido a la situación política del país, y al paso del tiempo, ya en los 60, las festividades públicas en la Plaza Bolívar fueron perdiendo interés, hasta que el carnaval pasó a celebrarse en recintos privados en donde se realizaban bailes y se permitían disfraces y comparsas.

Algunos de estos sitios fueron entre otros, el Club Altamar, la terraza de Lucas Butrón, la terraza “La Tonta” en El Calvario, la Casa del Maestro frente al Concejo Municipal, y esporádicamente en algunos otros negocios que se preparaban improvisadamente para celebrar el carnaval animado por grupos musicales.

Desde hace algunos años, el Concejo Municipal y desde 1989 la Alcaldía del Municipio, designan un comité para organizar la celebración del carnaval, eligen en diciembre la Reina del año por comenzar, celebrándose algunas veces desfiles muy llamativos y bailes en el terraplén, pero nunca han alcanzado el brillo de los antiguos carnavales de la primera mitad del siglo pasado.

Las festividades carnestolendas han quedado reducidas a las escuelas, en donde se eligen las “reinitas” en cada grado y se celebran con los niños, que casi siempre salen en caravana de automóviles por las calles de Los Puertos lo que igualmente se realiza en las otras parroquias.

Aquella frase de don Rafael Rincón González en su “Maracaibo Florido: “… yo llevo aquí en mi mente las imágenes frescas, de aquellos carnavales repletos de color, y veo las carrozas por la calle derecha, desfilando pomposas frente a San Juan de Dios”.

Los mismos recuerdos quedaron de aquellos carnavales puerteros plenos de alegría y color, de sano esparcimiento y motivo de alegría para los pobladores.

En las gráficas, viejas fotografías de nuestros carnavales de la primera parte del siglo XX.

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